Hace ya meses que tratamos de abordar algo que ahora llega a su etapa final, y nunca mejor dicho, final del todo.
De entre todos los que gustamos de salir al campo más o menos habitualmente con nuestros vehículos surje una pregunta más o menos frecuentemente: "¿porqué no podemos abordar nuestra aficción de un modo legal, sin exponernos a ser tratados como delincuentes si alguien nos descubre en medio del campo?". Es una pregunta que muchos, yo mismo, respondíamos con cierto recelo. Siempre había alguna boca abierta de personas profanas en lo que a la legislación al respecto se refiere, y había que explicar las mismas cosas una y otra vez ante su incredulidad.
Ahora, tras meses, años, saliendo al campo, podemos decir que tenemos una serie de recorridos memorizados, en nuestra cabeza, en nuestros mapas y en nuestros GPS´s. Nos hacemos mayores, salimos con nuestra comida, con nuestros niños y con nuestras mascotas, y el subidón de adrenalina de circular por el campo (que por otro lado, lo diga quien lo diga, la ley autonómica, la estatal, o el mismísimo Rey de España, es algo a lo que tengo DERECHO) se ha convertido en sentimiento de culpabilidad, y miedo a las represarias al mismo tiempo.
Dicho esto, comienza ineludiblemente el trabajo. "¿Se puede salir al campo con un vehículo motorizado? Se puede... ¿Cómo? Pidiendo autorización". Pues manos a la obra. Personalmente me dirijo a Oviedo, Edificio de las Consejerías, en concreto Montes. Me atiende una Sra., que debo calificar como cabal y amable en todo momento para ser justo. Guiado quizá por lo distendido de la conversación, me abro a explicar mi visión, mis ideas y mis intenciones, ambiciosas reconozco, pidiendo por supuesto, para ello, consejo e información. Deseo poder salir al campo con mi vehículo, y no solamente en momentos puntuales ociosos, sinó que voy más allá y pretendo crear una empresa que pueda mostrar las cosas que a mí tanto me entusiasman a otra gente. Guiar rutas en vehículos 4x4. Hemos llegado a un punto de obcecación y falsa visión de la naturaleza en el que solo decir estas palabras suena a blasfemia. No se piensa, nunca, en que puede haber personas responsables a los mandos de esos vehículos, en que vivimos en la Comunidad Autónoma más apropiada para dicha actividad de toda España debido a su incalculable belleza, ni los beneficios que esto puede traer a pequeñas poblaciones perdidas de la mano de Dios, a sus bares u hospedajes, además de llevar la bandera del Principado de Asturias hasta lo más hondo del corazón de todos aquellos que pueden descubrir sus rincones perdidos aún en una pequeña medida. No se piensa en eso, jamás. Se piensa en alguien subido al tejado de una casa a lomos de un coche, o circulando a velocidades exageradas por pequeñas y tranquilas pistas, o cruzando ríos y praderas por donde le viene en gana... No se piensa en conocer, descubrir y relacionarse con los animales, ni en la fotografía, ni en tantas de tantas cosas... se piensa en destrucción. Y vais a perdonarme, pero no es justo. No es justo que yo pierda mi libertad a causa de los malos actos de otros, porque va en contra de lo que es nuestro estado en sí mismo.
Yo doy la cara, yo pido permiso para hacer lo que deseo hacer o trabajar, si es de lo que pienso quizá vivír. Y pedir permiso implica decir donde y cuando estaré. No lo temo, porque se ser respetuoso con lo que me rodea, seguramente más que aquel que quiera juzgarme llegado el momento. Y cuando pido permiso en mi nombre, me estoy comprometiendo a ser inflexible con aquellos que me acompañan, exigiendo un comportamiento idéntico al mío para con el entorno.
Pero... no es suficiente a ojos de la ley. La ley me obliga a depositar una fianza que seguramente no pueda abarcar, a tener un seguro de responsabilidad civíl (que por cierto ya tengo) como responsatario antes posibles daños (y entonces... ¿para qué la fianza?), y a pasar una criba, tanto a nivel de Ayuntamientos como de Gobierno Regional más digna de un asesino en serie o un violador que de una persona de bien que solo quiere recorrer su tierra. ¿Porqué todo esto? ¿No hay dinero para mantener los viales? Una persona, NO puede decirme que deterioro un camino por pasar en un vehículo, ni por pasar en cinco... no puede decírmelo porque es falso.
Las cosas están así, y es triste. Es triste que, queriendo ser una persona justa y honrada, te lleves un portazo en las narices aún queriendo pasar por el circo montado invirtiendo horas y trabajo en ello. Que queriendo actuar de un modo legal, te miren mal y te cierren las puertas a la más remota posibilidad.
Las consecuencias son claras. Nos iremos a otros lugares donde nos reciban de acuerdo a nuestro comportamiento, y no bajo el peso de esa losa enorme que es la catalogación de todo un colectivo. Y seguiremos descubriendo nuestra tierra, de un modo más esporádico, porque nos sentimos en derecho de hacerlo.
lunes 16 de febrero de 2009
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